Entorno

La etimología de la palabra Yébenes procede del árabe yebel, que significa monte, quizás porque la villa se ubica en el extremo oriental de los Montes de Toledo.

La presencia humana se remonta a la Edad del Bronce, como lo demuestran los yacimientos conocidos como Montón de Trigo y Chorreras (este último con pinturas rupestres esquemáticas del Bronce Manchego Tardío).

Su fundación ha de situarse en el gobierno del emperador romano Trajano. Aún quedan restos de la presencia romana en esta zona de la Carpetania, como lo atestiguan la IV Calzada romana, cuyo trazado aún subsiste, y los numerosos vestigios que aparecen en el paraje conocido como Loma del Carpintero, junto al río Algodor.

Existen noticias de la dominación árabe ya desde el año 930, cuando el califa cordobés Abderramán III acampó con sus huestes a orillas del río Algodor, para tomar, desde esta posición privilegiada, las poblaciones de Mora y Toledo. La importancia estratégica del área fue crucial para que fuera sucesivamente ocupada por musulmanes y cristianos. Las fortalezas, atalayas y castillos que se emplazan sobre el término municipal atestiguan lo dicho. Así, después de la batalla de Alarcos (Ciudad Real), los árabes ocupan las tierras que abandona el rey cristiano refugiado en las Guadalerzas. Por su parte, Alfonso VIII acampa, dieciocho años después (1212), en las cercanías de la actual finca de Torneros (llamada así porque parte del ejército cristiano se volvió o “tornó” por el excesivo calor), antes de alzarse victorioso en la batalla de las Navas de Tolosa (Jaén).

A partir de aquí, el caprichoso orden que imponen los señoríos medievales, divide a la población en dos mitades, separadas por la sola anchura del Camino Real de Sevilla, quedando una de las partes (la situada en la ladera de la sierra) bajo el dominio de la Ciudad de Toledo, y la otra, gobernada por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén.

Yébenes de Toledo es más antiguo que la villa gobernada por los sanjuanistas. No obstante, desde la antigua Noliva de los carpetanos (por la que pasó el pretor romano Quinto Fulvio Flaco camino de Toledo y una vez derrotados los celtíberos en Consuegra), hasta la donación del rey Enrique I al arzobispo toledano D. Rodrigo Ximénez de Rada, no hay noticia histórica de la población.

En el año 1243, el rey Fernando III el Santo, recibe del arzobispo toledano el acta de cesión de estos territorios. Tres años más tarde, el rey vende este lugar por 45.000 maravedíes alfonsíes al Concejo de Toledo, quien concederá la Carta Puebla el 24 de septiembre de 1258.

Por lo que se refiere a la villa de Yébenes de San Juan, decir que fue propiedad de los templarios. Se tiene constancia que fue repoblada por la Orden de San Juan en el siglo XIII, a través de las cartas pueblas que otorgaron los comendadores de esta orden en toda la Mancha. En el caso de Yébenes de San Juan se estima que esta concesión hubo tener lugar entre 1238 y 1241. Durante seis siglos conviven dos núcleos urbanos, con parroquias, ayuntamientos y jurisdicciones diferentes, hasta que en el gobierno del llamado Trienio Liberal (1822) llega el primer ensayo unificador, anulado al año siguiente. Entre 1833 y 1835 se consigue la unión definitiva que acaba con 564 años de división jurídica y administrativa. El escudo heráldico da cuenta de esta secular división representando el águila toledana y la cruz de San Juan.

Parajes naturales:

El paisaje en Los Yébenes nos revela la esencia del bosque mediterráneo ibérico. Sus cotas de altitud sitúan esta villa en el intervalo biológico más rico, por la diversidad de especies que se encuentran en este ámbito. La extensión del término municipal -entre los veintisiete más grandes de España-, le faculta para acoger en su seno las posibles variaciones a este modelo descrito, siendo así que pocas pueden ser, si no ninguna, las especies mediterráneas que falten en el catálogo yebenoso. En el medio silvestre, la especie vegetal predominante es la encina, siendo el alcornoque más escaso; habiendo sauces, fresnos, áceres,… En la sierra existe un matorral denso de coscoja, enebro y quejigo, entre mares de retama, jara y romero, especialmente en aquellas áreas que se dedicaron al pastoreo. Las rañas son adehesdas y a veces se dedican a la ganadería brava. Respecto de la fauna, destacar aves esteparias, como el sisón y la avutarda; anátidas; aves montunas, como la perdiz; rapaces, nocturnas y diurnas. Mamíferos como la nutria, la comadreja y el erizo. O de interés cinegético (no hará falta recordar la fama que se le reconoce a esta villa), como el ciervo o el corzo. La enorme cantidad de caminos del término, y el hecho de que estén catalogados, invita a los amantes de la naturaleza a regocijarse en este pequeño universo privilegiado.

Almendro en flor.

La vegetación está compuesta por encinas, chaparros, jara y quejigo, manchas de rebollar y pinos de repoblación en las sierras, y encinas aclaradas con coscoja y quejigo, y cultivos de cereales, olivar, viñedo y almendros en las depresiones. La propiedad se halla poco repartida donde se alterna la pequeña explotación con grandes fincas (latifundios), algunas especializadas en la cría de ganado vacuno, incluso de reses bravas, caballar y, sobre todo, actividad cinegética. La ganadería porcina y lanar, así como la avicultura tienen menos importancia. Sólo las industrias de la alimentación y del trabajo del mueble y de la madera, con varios pequeños talleres, tienen un significado mayor que el de simple atención a las necesidades de los vecinos del propio municipio. La actividad comercial tiene cierto interés por el carácter nodal de la villa, al pie del puerto de Los Yébenes en una encrucijada de caminos.

Fuente: wikipedia

Monttrail de Toledo

Trail de montaña